miércoles, 3 de junio de 2009
MENOS INFLACIÓN Y DÓLAR MÁS BAJO
Se trataría de una tasa de cambio de $2.395,05 y una tasa de intervención de 4,8 por ciento para finales de este año. En eso coinciden expertos y protagonistas del sistema financiero.
Los economistas de bancos, comisionistas de bolsa, fondos de pensiones y corporaciones financieras cada vez están más optimistas con respecto al cumplimiento de la meta de inflación este año, al tiempo que les dieron un giro a sus expectativas cambiarias, pues redujeron en casi 200 pesos el precio que estiman tendrá el dólar al final del año.
Según la encuesta mensual de expectativas que realiza el Banco de la República con analistas financieros, el 2009 terminará con una inflación de 4,48 por ciento y una tasa de cambio de 2.395,05 pesos. Su cálculo de costo de vida ha venido bajando constantemente todo el año, pues en enero estimaban un 5,28 por ciento. Por el contrario, la proyección frente al dólar comenzó el año en 2.358,63 pesos, subió los meses siguientes hasta ubicarse por encima de los 2.500 pesos.
Ambas estimaciones, la de la inflación y la del dólar, responden a los recientes acontecimientos que se han tenido en los dos frentes. En el primero influyó el dato de abril que estuvo por debajo de lo esperado y dejó el costo de vida en un nivel anual de 5,73 por ciento (muy cerca del 5,5 por ciento, establecido como meta máxima). Así mismo, los analistas ratificaron sus perspectivas de baja inflación, tras conocer el anuncio oficial del Emisor con respecto a que prevé que la inflación termine en la parte baja del rango meta, entre 4,5 y 5 por ciento.
En lo que respecta a la segunda estimación, la cambiaria, la proyección de los analistas se movió al par que el mercado. En marzo estimaron el precio más alto, pues justamente el 25 de febrero la divisa alcanzó el mayor valor del año (2.596,37 pesos), pero luego empezó a bajar y hoy cuesta 386 pesos menos. La tasa vigente para hoy es de 2.210,35 pesos, lo que implica una revaluación de 1,48 por ciento, corrido del año.
La encuesta del Emisor también pregunta sobre el nivel que a ojos de los analistas tendrá la tasa de interés del Banrepública al cierre del 2009. En promedio la ven en 4,8 por ciento, lo que implicaría un descenso de 120 pbs frente al nivel actual, que es de 6 por ciento.
SINTESIS
Se trataría de una tasa de cambio de $2.395,05 y una tasa de intervención de 4,8 por ciento para finales de este año. En eso coinciden expertos y protagonistas del sistema financiero.
Según la encuesta mensual de expectativas que realiza el Banco de la República con analistas financieros, el 2009 terminará con una inflación de 4,48 por ciento y una tasa de cambio de 2.395,05 pesos. Por el contrario, la proyección frente al dólar comenzó el año en 2.358,63 pesos, subió los meses siguientes hasta ubicarse por encima de los 2.500 pesos.
Así mismo, los analistas ratificaron sus perspectivas de baja inflación, tras conocer el anuncio oficial del Emisor con respecto a que prevé que la inflación termine en la parte baja del rango meta, entre 4,5 y 5 por ciento.En marzo estimaron el precio más alto, pues justamente el 25 de febrero la divisa alcanzó el mayor valor del año (2.596,37 pesos), pero luego empezó a bajar y hoy cuesta 386 pesos menos.
REMESAS A AMÉRICA LATINA CAERÁN 7%;
HASTA LOS 64.000 MILLONES DE DÓLARES BAJARÍAN LOS GIROS DEL EXTERIOR
Eso señala un nuevo informe que afirma que un millón de familias en la región dejarán de recibir esos flujos periódicos. Un estudio propone alternativas para maximizar los recursos.
El estudio presentado con el título de 'Migración y remesas en tiempos de recesión', destaca que el mayor desempleo entre los latinoamericanos que viven fuera de sus países, la caída en sus ingresos, los menores flujos migratorios y las deportaciones explican la reducción en los volúmenes de remesas.
Según el análisis de Manuel Orozco, del centro de estudios de 'Diálogo Interamericano', además del millón de hogares que dejarán de percibir remesas este año hay otros cuatro millones de familias que recibirán de media un 10 por ciento menos que en 2008.
El informe recuerda que la gravedad de la crisis en Estados Unidos, epicentro de la actual recesión global, tiene un fuerte impacto sobre las remesas, ya que un 65 por ciento de los inmigrantes latinoamericanos residen en ese país.
Además, un 75 por ciento del dinero que llega a la región procede del vecino del norte.
Pese al hostil ambiente económico, Natasha Bajuk, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dijo durante la presentación del informe que los inmigrantes "hacen todo lo que pueden para cubrir las necesidades de las familias que dejaron atrás", en la mayoría de los casos tras una decisión 'muy difícil'.
Recordó, en ese sentido, que son muchos los que están recurriendo a sus propios ahorros para mantener estable la ayuda. El análisis insiste, por lo demás, en que la caída en los flujos de remesas amenaza con pasar una factura especialmente elevada a países como República Dominicana, Haití, Nicaragua y Paraguay.
Cada uno de esos países tiene una elevada dependencia de la ayuda de los inmigrantes ya que en torno al 60 por ciento de la población tiene un familiar fuera y la mitad de esas familias recibe dinero del exterior.
Las conclusiones del informe coinciden con las de otros estudios anteriores. Así, El BID pronosticó en marzo, que las remesas que los emigrantes envían desde el extranjero a sus países de origen en Latinoamérica caerán en 2009 por primera vez en nueve años a causa de la crisis.
El BID no cifró la posible magnitud de la caída, pero sí explicó que la tendencia comenzó a notarse en el último trimestre de 2008.
Opciones para mejorar
Para mitigar la tendencia a la baja de los flujos, el informe propone varias fórmulas. Entre ellas motivar la inversión de los inmigrantes en sus países de origen.
También, que las autoridades realicen un mayor esfuerzo para canalizar hacia el sector financiero los ahorros de los recipientes de remesas. Según el análisis, las personas que reciben ayuda de sus familiares en el exterior ahorran alrededor del 10 por ciento de las remesas, lo que equivale a más de 1.000 dólares anuales.
El valor de esos ahorros 'es limitado', indica el análisis, ya que muchas de esas personas no tienen acceso ni siquiera a cuentas bancarias.
Manuel Orozco apunta que son necesarias opciones que permitan una mejor capitalización de los ahorros mediante instrumentos financieros que ofrezcan una rentabilidad mayor que el poner el dinero 'debajo del colchón'.
SINTESIS
Eso señala un nuevo informe que afirma que un millón de familias en la región dejarán de recibir esos flujos periódicos. Un estudio propone alternativas para maximizar los recursos.
El estudio presentado con el título de 'Migración y remesas en tiempos de recesión', destaca que el mayor desempleo entre los latinoamericanos que viven fuera de sus países, la caída en sus ingresos, los menores flujos migratorios y las deportaciones explican la reducción en los volúmenes de remesas.
Pese al hostil ambiente económico, Natasha Bajuk, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dijo durante la presentación del informe que los inmigrantes "hacen todo lo que pueden para cubrir las necesidades de las familias que dejaron atrás", en la mayoría de los casos tras una decisión 'muy difícil'.
El análisis insiste, por lo demás, en que la caída en los flujos de remesas amenaza con pasar una factura especialmente elevada a países como República Dominicana, Haití, Nicaragua y Paraguay.
Las conclusiones del informe coinciden con las de otros estudios anteriores. Entre ellas motivar la inversión de los inmigrantes en sus países de origen.
También, que las autoridades realicen un mayor esfuerzo para canalizar hacia el sector financiero los ahorros de los recipientes de remesas. Según el análisis, las personas que reciben ayuda de sus familiares en el exterior ahorran alrededor del 10 por ciento de las remesas, lo que equivale a más de 1.000 dólares anuales.Manuel Orozco apunta que son necesarias opciones que permitan una mejor capitalización de los ahorros mediante instrumentos financieros que ofrezcan una rentabilidad mayor que el poner el dinero 'debajo del colchón'.